SIFILIS Y MANIFESTACIOIVES CUTÁNEAS

 SIFILIS Y MANIFESTACIOIVES CUTÁNEAS

La sífilis es una infección de transmisión sexual producida por la espiroqueta llamada Treponema pallidum, trasmitida por fluidos en superficies mucosas y cutáneas.

Los modos de transmisión son múltiples: por vía sexual, parto vaginal, transfusiones y fómites. El riesgo de contagio por contacto sexual es del IO al 60 % y existe un tercio de
personas quienes con una sola exposición sexual se contagian. Asimismo, influyen la localización de la lesión, el tipo de relación sexual y número de parejas sexuales.

Las edades más frecuentes de infección son entre los 21 y 34 años de edad. Las manifestaciones clínicas de la sífilis primaria, se inician con un periodo de incubación de tres a 90 días, luego aparece en la zona genital el chancro, lesión cutánea de aspecto ulceroso, asintomático y de borde limitados que puede estar acompañado de linfoadenopatía regional. A pesar de que algunas veces su diagnóstico es difícil, en el 80 % de los casos se llega a curar espontáneamente. 

 

Las lesiones cutáneas de evolución crónica que se encuentran en el estadio de secundarismo o sífilis secundaria, conocida también como la Gran Imitadora, empiezan de tres a seis semanas después de la aparición del chancro como resultado de la diseminación hematógena, que a veces puede cursar como primo-secundarismo, presentando síntomas generales como fiebre, cefalea y mialgia, así como síntomas cutáneos tales como rash con maculas en palmas y plantas que progresan a pápulas y pústulas no pruriginosas y que pueden mejorar sin tratamiento ensemanas. Existen lesiones en la cavidad oral tipo parches ovoides con erosión central y una membrana grisácea que la cubre; además, hay un 7 % de parches alopécicos en el cuero cabelludo, barba y cejas.

El condiloma lata es considerado la lesión más infecciosa de la sífilis secundaria. Los pacientes también pueden presentar lesiones raras de aspecto nodular asociadas a enfermedades granulomatosas o infiltrantes como linfomas, lepra lepromatosa y leishmaniosis difusas. Sin tratamiento, todas estas entran en etapa de latencia (serología +), y un tercio de los bacientes hacen sífilis terciaria en este periodo.

La sífilis terciaria, por su parte, tiene tres formas: latente benigna, cardiovascular y neurosífilis, ninguna de ellas transmisible. Las lesiones dermatológicas terciarias son nódulos superficiales, masas palpables granulomatosas que dejan cicatriz y ulceran y destruyen tejidos dependiendo de sus tamaños y localizaciones.

De otro lado, la sífilis congénita se contagia al feto en el tercer mes de embarazo a través de la placenta; de la misma manera, puede producir un aborto espontáneo antes del cuarto mes de gestación.

La sífilis congénita temprana se evidencia, al inicio, mediante pénfigo sifilítico con abundantes ampollas, mayormente en palmas y plantas, además de condilomas planos perianales, fisuras alrededor de la boca, hepatoesplenomegalia, periostitis y osteocondritis en extremidades, y la sífilis congénita tardía se presenta después de dos años con queratitis intersticial, perforación del velo del paladar, nariz en silla de montar, rara vez sordera, de frente olímpica y dientes en destornillador. 

 

En esta época es difícil ver casos de sífilis terciaria y sífilis congénita ya que, de acuerdo al protocolo del Ministerio de Salud, se realizan pruebas de descarte de VIH en gestantes; el diagnóstico se lleva a cabo mediante la detección directa del Treponema pallidum con un test serológico, una prueba no treponémica, VDRL o RPR, y una prueba treponémica para los falsos positivos. En pacientes con sífilis latente o portadores de VIH con CD4 < 350, se realizan pruebas adicionales dependiendo de la sintomatología.

El tratamiento con penicilina benzatínica y otros fármacos pueden inducir complicaciones como una reacción llamada Jarisch-Herxheimer, provocando la muerte del paciente por liberación de altas cantidad de citoquinas, o causando fiebre, mialgia, cefalea, taquicardia y exacerbación de los síntomas de sífilis, chancro o rash. Tras la terapia se debe hacer un seguimiento clínico y serológico, buscando bajarlos títulos de RPR y VDRL para confirmar la curación de esta enfermedad de gran morbilidad.

 

 

Dra. Nancy Angulo Pal
Dermatóloga de Inppares
Gerente General de Dermamedical S.A.C  

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Redacción Médica La Revista

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Equipo periodístico colaborativo de MÉDICA La Revista, para Grupo Editorial Camel SAC

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