Desde 1923 el término “atopia” se introdujo para hacer referencia a aquellas enfermedades relacionadas estrechamente a la Inmunoglobulina E (IgE), sin embargo, no todas las enfermedades de la “marcha atópica” están mediadas por esta molécula (IgE). La marcha atópica debe ser considerada como una progresión de las enfermedades alérgicas que tienen en común desencadenar una respuesta T helper 2. Básicamente inicia con la dermatitis atópica (DA), seguido de la alergia alimentaria (AA) IgE mediada, rinitis alérgica (RA) y asma.

Estudios epidemiológicos encontraron que los niños con DA tienen seis veces más probabilidades de desarrollar AA en el primer año de vida y se sugiere que esto se debe a la sensibilización a alimentos a través de la piel inflamada. La DA también se ha asociado con el desarrollo de rinitis alérgica. Además, la DA se ha vinculado con mayor gravedad de asma y persistencia del asma en la adultez. Es importante destacar que no todo paciente con DA tendrá asma, ni todo paciente con asma ha tenido DA. Por otro lado, la AA por sí misma, es un factor independiente para el desarrollo de asma y RA, 2.1- 5.3 y 1.6-5.1 veces respectivamente. Los pacientes con alergia alimentaria múltiple tienen mayor riesgo de desarrollar alguna alergia respiratoria. Es bastante conocida la relación clínica existente entre rinitis alérgica y asma, donde tres cuartos de la población asmática indica tener síntomas de RA, y su control (RA), es directamente proporcional al control del asma. Es importante recordar que la marcha atópica se debe a la interrelación entre factores genéticos, disrupción de la piel, contacto con alérgenos, estrés oxidativo y contaminación ambiental.

El mecanismo inmunológico detrás del inicio de la marcha atópica se cree que se debe a la exposición de alérgenos a través de la piel, lo que promueve respuestas celulares específicas de linfocitos T y B, producción de IL-4, IL- 25, IL-33 y linfopoyetina estromal tímica (TSLP) que reclutan células linfoides innatas tipo 2 productoras de IL-5 e IL-13 y de este modo generan una respuesta inflamatoria tipo 2. Los basófilos potencian la respuesta tipo 2 y su reclutamiento está relacionado a los niveles séricos de IgE. Otras células inmunitarias estimulan la diferenciación de linfocitos T vírgenes hacia células TH 2.

Durante muchos años, ante el incremento de las enfermedades alérgicas se han realizado diferentes estudios para evitar la progresión de la marcha atópica y comprender el rol de la genética, dieta, higiene, infecciones, antibióticos y contaminación. Además de la búsqueda de intervenciones terapéuticas como el uso de antihistamínicos, vitaminas, probióticos, prebióticos, antibióticos e inmunoterapia, algunos de ellos con resultados alentadores pero que requieren mayor tiempo de seguimiento para obtener recomendaciones certeras. En conclusión, la marcha atópica es un concepto fundamental y bien conocido en la alergología con gran relevancia clínica y que ha dejado campo abierto en la investigación y oportunidades terapéuticas.

 

Dra. Carla García

Especialista en Inmunología y Alergia

Miembro de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica