La esquizofrenia es una enfermedad crónica que afecta a más de 21 millones de personas en todo el mundo. Se trata de la forma más frecuente de trastorno mental severo y afecta a una persona de cada 100. En general no se puede hablar de una única causa, ya que su desarrollo está favorecido por factores genéticos, consumo de cannabis u otras drogas, factores ambientales, psicosociales así como factores vividos de forma estresante. La aparición de un síntoma nuevo, o positivo, normalmente se concreta a través de delirios, creencias, alucinaciones que nadie más percibe o ideas evidentes para el paciente pero erróneas y extrañas para su entorno. A consecuencia de estas alteraciones el paciente percibe la realidad de forma diferente lo que hace que sus comportamientos, a veces, carezcan de sentido para las personas con las que se relaciona.

 Los síntomas positivos son los principales responsables de gran parte de los ingresos hospitalarios, eran los más limitantes antes de que existieran fármacos para tratar la enfermedad y tradicionalmente han sido una de las causas de estigmatización de la esquizofrenia. Además, son difíciles de manejar por la familia y provocan gran desconcierto, sobre todo en la fase aguda del trastorno. Es en esta fase en la que los síntomas tanto positivos como negativos pasan a ser más intensos y en la que, por tanto, se hace fundamental un manejo completo a través de un tratamiento eficaz sobre ambos.

 Como cualquier otra enfermedad crónica, la esquizofrenia requiere de un tratamiento a largo plazo, y desde el inicio, para el que es muy importante establecer una buena alianza terapéutica interdisciplinar basadaen el apoyo y la colaboración entre el equipo.Dicho tratamiento, además de fomentar el autocuidado, aportar medidas de psicoeducación, adaptación al entorno y prevenir complicaciones o recaídas, debe ser un tratamiento que permita un manejo completo del trastorno, coordinado y continuado, donde intervengan diferentes profesionales sanitarios y recursos sociales. Es evidente que el tratamiento debe de ser individualizado y adaptado a las necesidades y fases de la enfermedad, ya que no todos los pacientes presentan las mismas disfuncionalidades variando mucho de uno a otro. Los síntomas de la enfermedad interactúan entre sí, potenciándose. Por eso es tan necesario un manejo completo a través del tratamiento de los mismos.

 

Pedro Moreno

Director del Instituto Balear de Psiquiatría y Psicología

Presidente del Congreso Internacional Virtual de Psiquiatría

Editor de libros de Psiquiatría y Salud Mental

Desarrollador de aplicaciones y proyectos online de realidad virtual y Terapia Online