La idea de que las experiencias durante la infancia suponen un efecto poderoso con consecuencias en el futuro puede parecer familiar. Muchos profesionales de la salud mental suscribirían tal supuesto. Bessel van der Kolk, uno de los pioneros en el modelo trauma-informado, presentó en 2011, la inclusión en el DSM-V del trastorno traumático del desarrollo que permite englobar la abigarrada sintomatología que presentan los niños que han sufrido maltrato múltiple en la infancia. Anda y Felitti, epidemiólogo del CDC y endocrinólogo de la mutua Kaiser Permanente respectivamente, publicaban, en 1998, el artículo sobre Experiencias Adversas en la Infancia.

 El estudio inicial, tanto prospectivo como retrospectivo, se hizo con 17.421 participantes, todos ellos de clase media. Se evaluaron 10 condiciones adversas a saber: abuso físico, abuso sexual, abuso emocional, negligencia física, negligencia emocional, madre tratada violentamente, abuso de sustancias en el hogar, enfermedad mental en el hogar, separación de los padres o divorcio y miembro del hogar encarcelado. El ACE Study ha sido replicado en muchos estados de Estados Unidos y en varios países, pero sus conclusiones eran y siguen siendo demoledoras sobre el tema que nos ocupa:

  • Había un vínculo directo entre el trauma infantil y la aparición de enfermedades crónicas, tanto físicas como mentales, en la vida adulta.
  • Al menos dos tercios de la población habían experimentado uno o más acontecimientos adversos en su infancia.
  • Las experiencias vitales traumáticas durante la infancia y la adolescencia eran mucho más comunes de lo que cabría esperar.
  • Descubrieron que las experiencias adversas estaban interrelacionadas aunque solían estudiarse por separado, y que tenían un efecto sinérgico y acumulativo.

 La conclusión definitiva era que habían dado con un problema de salud pública, el más grave y el más caro de Estados Unidos: el abuso infantil. En su artículo, Anda y Felitti aportaron datos neurobiológicos que indican que el maltrato infantil altera la biología cerebral de los niños; Charles Nemeroff, investigador y profesor de Psiquiatría de la Universidad de Texas, afirma que “la adversidad en la vida temprana es el mayor determinante de la enfermedad psiquiátrica, incluso mayor que la genética.” Lo que el ACE Study muestra es algo más que una intuición, es la existencia de una vinculación biológica entre los eventos adversos en la infancia y la psicopatología del adulto. Y todo esto encaja mejor si se entiende que la necesidad de cuidados y amor en la infancia es una necesidad biológica de primer orden.

 

Dr. José Antonio Barbado Alonso

Psiquiatra y psicoterapeuta

Co-director de MIMAPA – Centro de Psiquiatría y Psicología

www.mimapa.es