El asma es la enfermedad crónica más frecuente de la infancia con un alto impacto en la calidad de vida del paciente y su familia, con reiteradas asistencias a servicios de emergencias, hospitalizaciones y el consecuente ausentismo escolar y laboral. 

Se trata de una enfermedad heterogénea, caracterizada por una inflamación crónica de las vías aéreas, con hiperrespuesta bronquial y una obstrucción variable al flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción medicamentosa o espontáneamente donde participan distintas células y mediadores de la inflamación, condicionada en parte por factores genéticos. Se estima que más de la mitad de los adultos con asma ya presentaban síntomas en la infancia.

Existen factores que se asocian a un mayor riesgo de aparición de asma como son los antecedentes familiares o personales de atopía, tabaquismo durante la gestación, aeroalérgenos e infecciones respiratorias y factores que desencadenan síntomas o exacerbaciones de la enfermedad, entre ellos aeroalérgenos, fármacos, ejercicio, tabaco y contaminación ambiental quien merece una mención especial ya que además de poder ser un factor vinculado a la aparición de asma, su aumento es exponencial.

El diagnóstico se debe sospechar ante la historia reiterada de síntomas y signos clínicos característicos como sibilancias, tos, dificultad para respirar y agitación, los cuales varían en el tiempo y en intensidad y se confirma y objetiviza con la prueba pulmonar funcional que evidencia obstrucción bronquial, su reversibilidad con broncodilatador y variabilidad.

En los niños, particularmente los menores de 3 a 4 años, el diagnóstico puede ser un desafío ya que a esta edad los síntomas como tos y sibilancias son muy frecuentes entre los niños sin asma debido a la alta exposición a virosis respiratorias o a la inmadurez pulmonar y no es posible en todos los casos una objetiva medición del flujo aéreo.El diagnóstico definitivo exige la exclusión de otras enfermedades presentes en este grupo etáreo que pueden presentarse con signos y síntomas similares. 

El diagnóstico será más probable en aquellos niños con antecedentes de sibilancias que presenten tos o sibilancias ante el ejercicio, la risa o el llanto en ausencia de un cuadro viral respiratorio. La presencia de atopía personal (eccema o rinitis alérgica) o familiar es el factor de riesgo más importante para el desarrollo posterior de asma. Otros factores son: la edad de presentación, gravedad y frecuencia de los episodios y bronquiolitis grave (VRS, rinovirus).

La buena respuesta luego de 2 o 3 meses de tratamiento de mantenimiento con corticoides inhalados y el empeoramiento al suspenderlo, aumentan la probabilidad de diagnóstico de asma. El objetivo del tratamiento es alcanzar el control de la enfermedad y sostenerla en el tiempo así como prevenir un riesgo futuro de exacerbaciones. 

Los pilares fundamentales además de la medicación controladora, como los corticoides inhalados, incluyen la educación del paciente y su familia tanto en el control ambiental como en las habilidades necesarias para un uso correcto de dispositivos inhalatorios así como la importancia de su adherencia y un plan de acción para el reconocimiento de los síntomas y su intervención oportuna.

Dra. Silvana Monsell

Médica Pediatra, Especialista en Alergias e Inmunopatología

Directora de Comité Científico de Pediatría de la

Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica

Docente en Medicina