Los riñones son órganos pares que se complementan. Por ello, ambos se afectan simultáneamente cuando existe un factor o elemento dañino. Poseemos 4 órganos nobles: cerebro, corazón, hígado y riñones. El cerebro y corazón reciben alrededor del 60% del débito cardíaco; hígado y riñón, el otro 40%. El riñón posee ocho (8) funciones, indispensables para la vida y la salud:

• Función excretora de las sustancias tóxicas o no, que ingresan al organismo.

• Regulación del equilibrio de líquidos del organismo.

• Regulación del equilibrio de sales del organismo (sodio, cloro, potasio, magnesio).

• Mantenimiento de un equilibrio ácido – básico adecuado (p H) en la sangre.

• Control de la presión arterial, produciendo hormonas que aumentan y otras que reducen la presión arterial.

• Control del nivel de hemoglobina normal.

• Control del metabolismo del calcio y del fósforo y de la integridad del sistema óseo.

• Produce una hormona, que retarda el envejecimiento.

Al instalarse la insuficiencia renal o enfermedad renal crónica, todas estas funciones se ven gravemente afectadas. Aparecen síntomas propios de un estado de uremia (síndrome urémico), que incluyen alteraciones cardiovasculares, digestivas, hematológicas, cerebrales, genitourinarias respiratorias y otras, incompatibles con la vida. Por ello, resulta necesario recurrir a la diálisis, que es un procedimiento de depuración de las diversas sustancias tóxicas acumuladas, y del exceso de líquido, que no ha podido ser eliminado por los riñones enfermos.
Existen dos tipos de diálisis: hemodiálisis y diálisis peritoneal. Ambos son procedimientos crónicos, que se requieren de por vida. De las 8 funciones del riñón sano, la diálisis sólo corrige 3 de éstas. La diálisis es considerada un reemplazo o sustitución de la funcional renal.

La solución definitiva es el trasplante de riñón, que se considera una recuperación o normalización de la función total del riñón. Hoy en día es el más frecuente y el que tiene los mejores resultados y expectativas.
La operación quirúrgica es actualmente, bastante sencilla por cuanto el equipo quirúrgico ha adquirido ya una buena experiencia: el primer trasplante renal, en el Perú, fue realizado en el año 1969 en el Centro Médico Naval por el equipo liderado por el Dr. Raúl Romero Torres. Posteriormente, diversos Hospitales, tanto del Seguro Social como del Ministerio de Salud, han llevado a cabo trasplantes renales con un porcentaje de éxito de alrededor del 60%.
El paciente trasplantado deberá tomar por el resto de su vida, medicamentos para evitar el rechazo inmunológico. Existe hoy una gran cantidad de medicamentos que evitan el rechazo de modo que la sobrevida del injerto renal es de 10 – 12 años en promedio. Si se produce el rechazo, el paciente tiene la posibilidad de regresar a la diálisis. El tratamiento dialítico, a su vez, puede prolongarse por 10 o más años.
Es posible volver a trasplantar al paciente si se presenta un donante adecuado. En general, se ha visto que un 2° o 3er trasplante es mejor tolerado que el primero, por el fenómeno de tolerancia inmunológica. En Perú, un paciente joven, Hugo García, tuvo cuatro (4) trasplantes de riñón: su primer trasplante lo tuvo a los 16 años, rechazó tres veces, en sucesivos trasplantes, y su último trasplante lo recibió a los 42 años.
El donante de riñón, idealmente, debe ser una persona fallecida, con muerte cerebral comprobada, joven y sano (trasplante cadavérico). También puede tratarse de un familiar o pariente cercano: lo ideal sería un hermano o hermana gemelo (a) o mellizo (a), padre, madre o, incluso tío o primo. Un donante vivo no emparentado no debiera considerarse, por razones éticas por cuanto se presta al comercio de órganos (venta de riñón).

 

Dr. Patrick Wagner Grau
Ex Decano del Colegio Médico del Perú
Ex Presidente de la Sociedad Peruana de Hipertensión Arterial
Miembro de la Academia Nacional de Medicina Bioeticista.
Presidente del Comité Ético del grupo AUNA