La esquizofrenia es una enfermedad cerebral grave que afecta a múltiples funciones psicológicas (percepción, pensamiento y habla, emociones y control de la conducta social), suele aparecer en la adolescencia o juventud y tiene una evolución crónica, con fluctuaciones (períodos de remisión con recaídas en forma de “brotes”) Probablemente, bajo el nombre de “esquizofrenia” se esconden varias enfermedades, con causas, cuadro clínico y pronósticos distintos.

Los pacientes pueden sufrir una gran variedad de síntomas: distorsión delarealidad, delirios (persecución, mesiánicos, control del pensamiento, etc) y alucinaciones, sobretodo auditivas en forma de “voces”, Es muy típica de la esquizofrenia la falta de conciencia de la enfermedad; “negativos”: aplanamiento afectivo, abulia, anhedonia, apatía y pobreza de lenguaje; desorganización: conductas extrañas, desorganización del pensamiento y del habla e incongruencia afectiva; catatonía, esto es, alteraciones de la psicomotricidad; afectivos: ansiedad, depresión, euforia y cognitivos: déficiten el rendimiento intelectual. El resultado global es una grave falta de autonomía y de adaptación social.

El origen de la esquizofrenia es complejo y depende de factores genéticos y ambientales. Existen múltiples genes que predisponen a la enfermedad pero, hasta el presente, no sabemos precisar qué genes son necesarios o suficientes para padecerla. Los factores ambientales también son múltiples e incluyen fenómenos tan variados como infecciones víricas u otros accidentes durante el embarazo y el parto, maltrato o trauma infantiles, consumo precoz de cannabis, estrés/ marginación social, etc. Estos factores ambientales son inespecíficos y, de forma aislada, tienen poco peso en la etiología. Se piensa actualmente que la esquizofrenia es un trastorno del neurodesarrollo, esto es, el producto de un desarrollo anómalo del cerebro, condicionado por la interacción de los factores genéticos y ambientales mencionados.

El pronóstico de la esquizofrenia sigue siendo grave pero ha mejorado sustancialmente comparado con unas décadas atrás. La revolución terapéutica que representan los fármacos antipsicóticos ha permitido que, hoy en día, se puedan evitar los ingresos crónicos y que el manicomio clásico haya prácticamente desaparecido(almenosenlospaísesricos). El tratamiento con antipsicóticos es, pues, prescriptivo. Si además se puede complementar con tratamientos psicológicos (psicoeducación, rehabilitación neurocognitiva, terapia familiar, etc.) y con recursos de la red de salud mental (“case management”, talleres protegidos de reinserción laboral, pisos tutelados, etc.), una buena parte de los enfermos pueden alcanzar niveles de autonomía y bienestar razonablemente buenos.

Dr. Jordi Obiols Llandrich
Licenciado en Medicina y Cirugía
Doctor en psiquiatría y catedrático de Psicopatología
Universidad Autónoma de Barcelona