La cistitis intersticial/síndrome de dolor vesical (CI/SDV) se define como un síndrome clínico caracterizado por incremento en la frecuencia urinaria, urgencia miccional y/o dolor abdominal o perineal en ausencia de infección urinaria o enfermedad conocida del aparato urinario.
Esta enfermedad crónica inflamatoria vesical es más común de lo que podría imaginarse y en su patogenia subyace una alteración en la permeabilidad del urotelio como fracaso de su función protectora de barrera.
El diagnóstico es complejo, en ocasiones se plantea por exclusión y otras veces, con la mejoría clínica que suponen ciertas maniobras terapéuticas, como la sobredistensión. Los tratamientos actuales para la cistitis intersticial tienen por objeto aliviar los síntomas.
No hay una pauta de tratamiento específica, para cada paciente tenemos que diseñar una estrategia diferente que iremos adaptando en función de los resultados.
La evolución de los pacientes va a experimentar altibajos, alternando periodos de franca mejoría con otros de empeoramiento.

Las opciones de tratamiento actualmente disponibles son numerosas e incluyen:
• Pautas para la ingesta de líquidos (procurar beber 1,5 L/día repartidos de forma homogénea a lo largo de la jornada. Restringir la ingesta 2 h antes de acostarse si la nicturia es importante).
• Reeducación miccional (control de la urgencia, entrenamiento en retención)
• Evitar los alimentos que causen irritación vesical (Cafeína, chocolate, gaseosas, cítricos).
• Tratamientos encaminados a evitar las infecciones urinarias que pudieran empeorar la evolución (Profilaxis antibiótica continua, D manosa).
• Terapia farmacológica (Antiinflamatorios por vía oral, fármacos anticolinérgicos, antidepresivos tricíclicos).
• Técnicas de fisioterapia (electroestimulación vaginal, perineal o del tibial posterior).

Posterior a estas medidas es que pasamos a la terapia mínimamente invasiva en vejiga, iniciamos con la terapia intravesical (heparina y lidocaína 2%) el mecanismo de acción es cubrir el epitelio vesical para mantener su integridad e impedir la fuga epitelial hacia el intersticio vesical, y con ello evitar el desencadenamiento de la cascada clínica de la CI-SVD.
Si los tratamientos descritos no han otorgado control aceptable de síntomas y calidad de vida o si los síntomas del paciente sugieren un abordaje más invasivo, es apropiado plantear el tratamiento quirúrgico.
Hidrodistensión vesical, se realiza bajo sedación y a baja presión en sala de operaciones. Electrofulguración de las lesiones de Hunner presentes en forma difusa sobre todo en caras laterales y fondo de mucosa vesical.
Administración de toxina botulínica A (BTX-A) sobretodo en el trígono vesical, se postula que la toxina botulínica se asocia con efectos analgésicos, atribuidos a la menor liberación de glutamato, sustancia P y péptidos asociados con el gen de la calcitonina de las terminales centrales de los nervios vesicales sensitivos.
Los pacientes deberán estar dispuestos a aceptar la posibilidad de ser necesario el cateterismo limpio intermitente post tratamiento.
Se podrá realizar una prueba con neuroestimulación y, si es exitosa, se podrá implantar un dispositivo de neuroestimulación permanente, siempre y cuando no se logre controlar sintomatología o si el paciente y médico acuerdan que los síntomas requieren este abordaje.

Con todo lo antes mencionado, se logra un control de enfermedad en la gran mayoría de los pacientes, sin embargo, se reporta que hasta un 10% de los mismos se comportan de manera refractaria al tratamiento médico conservador, requiriendo tratamientos más agresivos.
En estos casos se podrá realizar cirugía mayor (cistoplastia sustitutiva, derivación urinaria con o sin cistectomía).
Siempre va a ser aconsejable el apoyo de un psiquiatra o psicólogo que ayude al paciente a manejar la ansiedad y la depresión motivadas por el dolor crónico y la incapacidad.

 

Dra. Vanessa Pantoja
Médico Cirujano Urólogo
Miembro de la Sociedad Peruana de Urología (SPU)
Miembro de la Asociación Americana de Urología (AUA)