El labio fisurado —mal llamado labio leporino— y el paladar hendido —también conocido como fisura palatina— son las malformaciones faciales congénitas más frecuentes en cirugía pediátrica. Estas malformaciones pueden estar asociadas o presentarse de manera independiente.

Ambas anomalías afectan la vida social del paciente y su familia. En el caso del labio fisurado, el niño presenta una severa deformación en el rostro, impidiéndole una adecuada sociabilidad debido a que la familia siente vergüenza de su condición. En cuanto al paladar hendido, se manifiesta en la incapacidad de pronunciar los fonemas explosivos —las letras «t», «p» y «k»—, lo que produce hipernasalidad aparejada de golpes glóticos o compensaciones al momento de hablar. Por lo tanto, el problema fisonómico más el problema verbal le dificultará severamente al paciente el cultivo de sus relaciones sociales.

El niño que padezca estas malformaciones va a necesitar de ortopedia maxilar; genética; otorrino; cirugía de labio; cirugía de paladar; terapia de lenguaje; cirugía de injerto osteo alveolar; ortopedia maxilar, y ortodoncia. Incluso algunos casos requerirán cirugía maxilofacial y luego cirugía de nariz, además de un sostenido tratamiento psicológico en las diferentes etapas de desarrollo.

La evidencia científica muestra que algunas malformaciones del tubo neural pueden ser prevenibles con la ingesta de ácido fólico; sin embargo, según últimos estudios, en el caso de la fisura de labio no existe esa correlación; en consecuencia, no hay nada contundente acerca de si el ácido fólico puede prevenir el desarrollo de esta anomalía.

El labio leporino se genera a los 25 días de la concepción, esto es, luego de los 10 días del retraso de la regla. En ese lapso, la madre puede no haber sido consciente de que estaba embarazada y fumar tabaco, beber alcohol y consumir fármacos o drogas, factores ambientales que desarrollan la fisura de labio.

Las causas de la fisura labio-palatina son de tres tipos: genéticas (10 %), ambientales (12 %) e indeterminadas (88 %).

En nuestro país, gran parte de los casos de fisura labio-platal provienen de la sierra y en su mayoría podrían estar ligados a que la mujer andina vive en una zona cuya altura supera los 2000 msnm, donde es más frecuente la desnutrición materna, así como la carencia de una chimenea en casa, lo que ocasiona que la futura madre aspire todo el humo del carbón o la leña que usa para calentarse.

La presencia de fisura labio-palatina está en aumento, aunque no se dispone de una estadística oficial actualizada. De acuerdo a una investigación realizada por el Hospital Nacional Docente Madre Niño San Bartolomé del 2009, 1 de cada 588 nacidos vivos muestra estos males, lo que da un cálculo de 1350 nuevos casos al año.

En la Asociación «Perú País que Sonríe» se ha proporcionado atención, desde el sector público y privado, a aproximadamente 700 casos. Los cirujanos plásticos que realizan estas operaciones son atrapados por la cirugía de reconstrucción infantil, volviéndose gestores de la felicidad absoluta no solo del paciente, sino también de la familia, cambiando la vida de estas personas y devolviéndoles la oportunidad de lograr sus sueños. 

Cuando se creó la Unidad de Cirugía Plástica en el San Bartolomé no se operaba casi ningún caso, pero cinco años después se atendía alrededor de 150 casos por año. Ahora, en el Instituto Nacional de Salud del Niño estamos desarrollando una subunidad de fisurados como en todos los centros desarrollados del mundo, que cuenta con todas las especialidades: ortopedia maxilar, genética, cirugía plástica, terapia del lenguaje, psicología, enfermería, anestesiología pediátrica, entre otras. Tenemos los pacientes y la capacidad para hacerlo.

 

Dr. Luis Paredes Aponte

Médico cirujano y cirujano plástico por la Universidad

Nacional Federico Villarreal

Magíster en Gestión en Servicios de Salud por la Universidad ESAN

Presidente de la Asociación «Perú País que Sonríe»