Se estima que 1 de cada 200 habitantes del mundo sufren de ceguera, de éstos, la mitad lo son por catarata, 9 de cada 10 viven en países en vías de desarrollo y 8 pudieron no serlo, si hubieran tenido un diagnóstico y tratamiento oportunos. 1 de cada 30 habitantes del mundo sufre una discapacidad visual tal, que les impide hacer sus actividades cotidianas. 4 de cada 10 discapacitados visuales lo son, por errores refractivos no corregidos.

Estas cifras dividen al mundo en dos, uno vulnerable, en el que sus pobladores sufren predominantemente, problemas oculares que pueden ser prevenidos o tratados; sin embargo, sufren sus secuelas discapacitantes; y otro en el que predominantemente, sus problemas oculares son de difícil o imposible solución. Salta a la vista que los primeros viven en países en vías de desarrollo y no han tenido acceso a servicios de salud con la capacidad resolutiva suficiente para solucionar sus problemas; y los segundos, viven en países desarrollados, que a pesar de tener acceso a buenos servicios de salud, tiene un problema de salud ocular tal, que no puede ser solucionado con la tecnología disponible.

Millones de pacientes en el mundo son operados anualmente de catarata por sus servicios de salud, a través de oferta móvil y fija; sin embargo, el número de cirugías no es suficiente aún para erradicar la ceguera. En Latinoamérica, la cobertura de cirugía de catarata en los últimos años, ha logrado superar largamente, gracias a programas públicos, el 50%2, es decir, más de la mitad de los pacientes aquejados fueron operados, tal es así que los errores refractivos constituyen ya, la primera causa de visión subnormal. Esto último constituye otro reto de salud pública, que está respondiendo en la medida de que cada vez más pobladores jóvenes, sobre todo escolares de países en vías de desarrollo, están teniendo acceso a programas gratuitos de diagnóstico y tratamiento de errores refractivos, los que están en vías de convertirse en masivos. El desempeño de estas dos intervenciones y sus alcances son realmente alentadores.

En nuestro país la salud ocular ha pasado a tener dimensión colectiva a partir de la creación de la Estrategia Sanitaria Nacional de Salud Ocular y Prevención de la Ceguera (ESNSOPC) en el 2007, lo que la hace relativamente joven. En marcado en el Plan de acción mundial sobre salud ocular 2014-2019 de la OMS; nuestro país está ejecutando el Plan de la estrategia sanitaria nacional de salud ocular y prevención de la ceguera 2014-2020, en el que declara de prioridad nacional, la erradicación de la ceguera por catarata, errores refractivos, retinopatía del prematuro, glaucoma, retinopatía diabética, baja visión y enfermedades externas del globo ocular. El diagnóstico y tratamiento de los tres primeros daños ya cuentan con presupuesto público en todas las regiones del país, el que se incrementa con los años. Las demás serán incluidas a partir del 2018, en forma paulatina, lo que constituye un reto, toda vez que hay que fortalecer las competencias del potencial humano en todos los niveles de atención.

Los países desarrollados han superado las causas prevenibles y tratables de ceguera; sin embargo están librando otras batallas en el campo de la oftalmología.

Gracias a la investigación se están desarrollando tres tecnologías de avanzada: las células troncales, los implantes “biónicos” y la terapia génica. Las células troncales que dan origen a numerosos órganos de cuerpo, son utilizadas para el reemplazo de células defectuosos de la retina y poder tratar enfermedades como la retinitis pigmentosa y la degeneración macular relacionada a la edad (DMRE), haciendo que los beneficiados puedan ver más luz y formas. Los implantes “biónicos” permiten captar ondas luminosas y transformarlas en ondas eléctricas que viajan por la vía óptica haciendo que el paciente pueda percibir destellos luminosos, que al formar patrones, pueden ser interpretados como personas o árboles por ejemplo. Por último la terapia génica manipula genes para “meterlos” dentro de un virus y estos, una vez que “infecten” las células de la retina puedan introducir una copia sana del gen para reemplazar al mutado como sucede en la amaurosis congénita de Leber (LCA). Estas tecnologías, en pleno desarrollo, serán la esperanza para los millones de ciegos que hasta hace unos años no tenían ninguna opción de tratamiento. Si bien los investigadores reconocen limitaciones, buenas y malas experiencias, son entusiastas al afirmar que el camino esta trazado.

 

Dr. Antonio Touzett Valera
Médico Especialista en Medicina Integral y
Gestión en Salud Equipo Técnico de la Dirección
Ejecutiva de Desarrollo de Servicios Oftalmológicos,
Prevención y Promoción de la Salud Ocular
Instituto Nacional de Oftalmología