Actualmente, las recomendaciones para reducir la incidencia y tasas de mortalidad respecto al cáncer especifican: mantener un peso corporal sano, mejorar la dieta y mejorar la actividad física corporal.

La nutrición podría modificar el proceso carcinogenético en sus diferentes fases: metabolismo de los carcinógenos, defensa celular y del huésped, diferenciación celular y crecimiento del tumor. Ahora se precisa que la dieta contribuye o previene en un 35% a los factores causales del cáncer.

La composición de nutrientes de una dieta es sumamente compleja; por lo tanto, en una dieta normal podemos encontrar los carcinógenos dietéticos como pesticidas naturales producidos por las propias plantas para protegerse de hongos, insectos o depredadores, o también podrían ser micotoxinas producidas por los mohos de los alimentos: aflatoxinas, fumonisinas y ocratoxina. Los métodos de preparación y conservación de alimentos, también podrían producir carcinógenos.

Es muy importante considerar que la dieta puede inhibir o promover la carcinogenia; siendo los principales inhibidores carcinogénicos los antioxidantes (Vitaminas a, c y e, carotenoides, Zinc y Selenio) y sustancias fitoquímicas; en tanto que, para el efecto de promotores carcinogénicos tenemos la grasa de la carne roja o los hidrocarburos aromáticos policíclicos (generados al someter la carne a altas temperaturas).

Si hablamos de alcohol, el consumo de más de 03 vasos al día se relaciona al cáncer de boca, faringe, laringe y esófago, mientras que, si mencionamos obesidad, esta se considera responsable del 6% de todos los cánceres. La obesidad y el consumo de carbohidratos simples aumentan potencialmente la resistencia a la insulina, y esta a su vez la secreción de IGF-1, componente potencialmente cancerígeno relacionado al cáncer de próstata, mama y pulmón.

Al cocinar carnes se pueden formar compuestos N-nitrosos, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y aminas heterocíclicas, los mismos que se relacionan al riesgo de cáncer colorrectal. El consumo de ácidos grasos w-3 (Pescados grasos, aceite de semillas, nueces, ciertas algas) en mayor cantidad que ácidos grasos w-6 (Grasas poliinsaturadas como aceite de maíz y girasol) podría reducir el cáncer de colon y próstata. En lugar de utilizar carnes rojas podríamos incluir pescados ya que tienen menos grasa y aportan mayor cantidad de w-3.

Respecto a los edulcorantes, la FDA aprobó el consumo de: acesulfamo K, aspartamo, neotamo, sacarina y sucralosa; los mismos que son seguros si se consumen con moderación, por ello se han establecidos límites máximos permisibles para consumo humano. El año pasado, la OMS emitió un comunicado sobre el consumo de embutidos y su relación con el cáncer; el que se explica en los nitratos (Conservantes) añadidos que se reducen a nitritos e interaccionan con aminas y amidas para formar nitrosaminas y nitrosamidas, claramente ligados al cáncer de estómago. Por ejemplo, si se cocina carne a la parrilla en exceso o sobre el fuego con altas temperaturas (200°Co más) formaría HAP y aminas heterocíclicas.

El café y té son fuentes de antioxidantes y fenoles, los mismos que poseen acciones anticancerosas. Especialmente el té negro que proviene de hojas prensadas y secadas sin tostarse, contiene gran cantidad de catequinas, sustancias con actividad biológica y propiedades antioxidantes, antiangiogenia y antiproliferativas.

El ácido fólico, presente en las verduras con hojas de color verde se asocia con menor riesgo de cáncer de páncreas debido a su relación con la metilación, síntesis y reparación del ADN; y en general, todas las frutas y verduras producen mecanismos complementarios como la inducción de enzimas de la desintoxicación, inhibición de la formación de nitrosaminas, aporte de sustratos para generar sustancias quimioterapeúticas, dilución y fijación de carcinógenos en el tubo digestivo, alteración del metabolismo hormonal y efectos antioxidantes; que las hacen indispensables en la dieta diaria, siendo la recomendación entre 05 y 09 porciones al día.

Por todo lo anteriormente mencionado se concluye que, una correcta alimentación es parte fundamental en la prevención, control y cura el cáncer. El tratamiento médico tanto como el tratamiento nutricional deben ir juntos a lo largo del proceso, todo paciente debe ser referido al nutricionista para que el plan de alimentación sea personalizado,basado en sus necesidades y características individuales.

 

Lic. Nathaly Aguilar Falconí
Presidenta de la Comisión de Difusión y Divulgación
Colegio de Nutricionistas del Perú