Muchas de las enfermedades tumorales podrían ser prevenibles con medidas generales de salud pública, una reciente alarma de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace hincapié en la urgencia de implementar medidas sanitarias generales para evitar la alta mortalidad por enfermedades neoplásicas en el mundo, sobre todo en países en vías de desarrollo. Últimas recomendaciones de diversos entes multinacionales en base a estudios epidemiológicos complejos, enfatizan el concepto que la adherencia a estilos de vida saludables tiene un rol crucial en la disminución de riesgo de todas las formas de cáncer. Un componente importante, no exclusivo, son las medidas sanitarias respecto al tipo de alimentación de gran parte de la población.

Los humanos han cambiado significativamente la proporción de omega-6 a omega-3 (ω-6/ω -3) en sus esquemas dietéticos habituales, desde una relación de 1/1 en la era primitiva, a la actual entre 10/1 a 30/1 según el tipo de dieta que consumamos.La proporción ω-6/ω -3 de 1:1 fue uno de los factores importantes para el proceso de desarrollo cerebral principalmente de la neocortex que caracterizó la evolución del humano. Sin embargo, el crecimiento de las grandes ciudades que exigió mayor cantidad de alimentos obligó a la búsqueda de alimentos con mayor disponibilidad en la naturaleza que son los que contiene omega-6 y disminuir el omega-3, más escaso en la naturaleza, con mayor dificultad en su industrialización y comercialización.

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (Omega-3 y -6) son lípidos esenciales en el humano, quiere decir que se deben adquirir necesariamente en la dieta. Varios estudios, tanto en modelos in-vitro, en animales experimentales, así como estudios epidemiológicos en humanos han demostrado el efecto protector de las dietas ricas en omega-3 y la protección contra el desarrollo de varios tipos de cáncer, así como del desarrollo de sus metástasis. Es cierto que existen algunos estudios controversiales en la relación entre omega-3 y cáncer, a diferencia de la clara asociación entre omega-3 y protección contra eventos cardiovasculares, obesidad o síndrome metabólico, sin embargo, la explicación está en la diferencia en las metodologías de recolección de datos sobre los tipos de lípidos dietarios. Pero al hacer una evaluación más precisa en la proporción de ω-6/ω-3, se vuelve clara la protección contra estas patologías con el incremento dietario de ingesta de omega-3.

Para todos los profesionales de la salud es conocido el mecanismo del proceso inflamatorio, que parte del trauma que sufre una estructura celular en su membrana celular, lo cual va a activar el gen y por lo tanto la producción de la enzima fosfolipasa A2, que degradará su substrato que son los fosfolípidos de la membrana. Esto llevará a la formación del metabolito: ácido araquidónico, el cual va a ser degradado por otras enzimas activadas junto a fosfolipasa A2, que son la ciclooxigenasa y lipooxigenasa, que producirá metabolitos finales como las prostaglandinas y prostaciclinas de serie 2 y leucotrienos de serie 4, que tendrán efecto sobre los vasos capilares induciendo vasodilatación, además de quimiotaxis de polimorfonucleares, ocasionando la respuesta inflamatoria. Sin embargo, esto corresponde a mitad del mecanismo, porque esto sucede si en la membrana celular predominan los fosfolípidos provenientes de ácidos omega-6, pero si bajo las mismas condiciones de trauma en la membrana celular los fosfolípidos que la constituyen predominan los fosfolípidos provenientes de omega-3 (docosahexaenoico, DHA o eicosapentaenoico,EPA), en este caso los metabolitos formados serán prostaglandinas de serie 3 y leucotrienos serie 5, los cuales tienen efecto contrario, va- soconstricción e inhibición de la quimiotaxis de polimorfonucleares.

 

Un reciente estudio de nuestro grupo demostró en modelos animales la capacidad antiinflamatoria del aceite de Plukenetia volubilis y P. huayabambana (Sacha inchi), con un contenido de 47% y 53% de omega-3, respectivamente, demostrado por la disminución en el edema de la pata inducido por w-carragenina y el menor engrosamiento e infiltración leucocitaria en la histología.

Además, a partir de omega-3 se producirán otros metabolitos lipídicos como las resolvinas y protectinas, que intervienen en activar los mecanismos de reparación tisular y liberación de factores de crecimiento reparadores. La naturaleza nos dio las rutas metabólicas para inducir inflamación y defendernos del ataque de patógenos (con substratos provenientes de omega-6), pero a su vez nos dio las rutas antiinflamatorias para evitar la inflamación persistente y generación de enfermedad (con substratos provenientes de omega-3). El humano actual descompensó la ingesta de los substratos necesarios para un trabajo equilibrado del sistema, generando enfermedad, básicamente: enfermedad cardiovascular, cáncer, autoinmunidad, alergias. Por lo tanto, al incrementar la ingesta de omega-3 podremos disminuir la creciente prevalencia de estas enfermedades.

Los estudios moleculares están dando soporte científico a estas observaciones. Los ácidos grasos omega-3 tienen actividad para inhibir la activación de NF-ƙB. NF-ƙB es una proteína citoplasmática que pertenece a la categoría de los factores de transcripción, son moléculas que en reposo están ubicadas normalmente en el citosol de la célula, pero al ser activadas pasarán hacia el núcleo celular (proceso llamado translocación), se acoplarán a regiones promotoras de algún gen para cumplir una función celular determinada. Al ser activado NF-ƙB activará genes de moléculas inflamatorias, como las citoquinas:

factor de necrosis tumoral tipo alfa (tumor necrosis factor α ,TNF α), interleucina 6 (IL-6), quimioquinas como IL-8, expresión de moléculas de adhesión celular, o de liberación de enzimas proteolíticas, entre otros. Al inhibir NF-ƙB por los omega-3, se estará evitando este proceso inflamatorio.

Además, los omega-3 estimulan la secreción de la prostaglandina E2, la cual es una molécula que, al estar en exceso es inmunomoduladora, es decir inhibidora de la activación del ataque por el sistema inmune. La producción de resolvinas tipo D y E, provenientes de DHA o EPA, respectivamente, provenientes de ácidos grasos omega-3, forman parte de los mecanismos que modulan y potencialmente evitan la generación de cáncer.

Para algunas clases de cánceres, como el cáncer de próstata o de mama, se conocen mecanismos adicionales. El ácido lisofosfatídico (Lysophosphatidic acid, LPA) es un mediador lipídico que media su acción vía receptores que se acoplan a proteína G intracelular (G protein-coupled receptors, GPCRs), mientras el factor de crecimiento epidérmico (epidermal growth factor, EGF) actúa a través de receptores para tirosin kinasas. Estas dos moléculas (LPA y EGF) tienen capacidad para inducir el crecimiento de células neoplásicas prostáticas, y más aún ambas pueden activar ambos receptores. Se ha demostrado que agonistas para el receptor tipo 4 para ácidos grasos libres (free fatty acid receptor type 4, FFA4) inhibe la respuesta tanto de LPA como de GPCR en células neoplásicas prostáticas. DHA y EPA, derivados de omega-3, son agonistas de FFA4, por lo tanto, impiden a través de esta ruta el crecimiento y desarrollo de las células neoplásicas prostáticas. Similarmente se ha demostrado este mismo efecto en células neoplásicas de cáncer de mama, pero usando el receptor FFA1.

Existen evidencias científicas suficientes de muy alto nivel técnico de la relación entre la ingesta de omega-3 dietética y los múltiples beneficios para el mantenimiento de la salud y evitar el desarrollo de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, enfermedades autoinmunes, alergias y la explicada en este caso, el cáncer. Qué más se puede esperar para tomar acciones personales o gubernamentales al respecto.

 

Dr. José Luis Aguilar Olano

Médico especialista en Inmunología y Reumatología

Jefe del Laboratorio de Inmunología,

Departamento de Ciencias Celulares y Moleculares

Facultad de Ciencias y Filosofía, UPCH

Médico del Centro Clínico Biosmed