El sistema inmune del ser humano cumple tres actividades fundamentales: anti-infecciosa, antitumoral y de tolerancia a lo propio. El VIH, que pertenece a la familia de los retrovirus, produce una infección que puede comportarse en forma asintomática inicialmente y luego en sintomática (SIDA) en la etapa tardía. Se caracteriza por alterar las tres actividades en mención atacando como blanco principal a los linfocitos T4, responsables de dirigir y preservar el buen funcionamiento del sistema inmune. En relación al compromiso de la actividad antitumoral, se debe mencionar que el VIH no produce directamente cáncer, sino que se comporta como un facilitador del desarrollo del mismo por parte de otros agentes infecciosos (principalmente virales). Este retrovirus crea un estado de inmunocompromiso celular severo (linfopenia T4) permitiendo que otros agentes infecciosos previamente presentes en los seres humanos, produzcan una inflamación crónica y disregulación en el funcionamiento de las células originando el cáncer en el organismo.

El cáncer en los pacientes infectados por VIH se clasifica en 2 categorías: los asociados al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y aquellos no asociados al SIDA. Los primeros se caracterizan generalmente por depender su desarrollo del estado de inmuno compromiso celular severo del huésped y estar relacionados con agentes infecciosos: Sarcoma de Kaposi (virus herpes humano tipo 8), Linfoma no Hodgkin de células B grandes difusas y Linfoma primario del sistema nervioso central (virus Epstein-Barr) y cáncer de cuello uterino invasor (virus papiloma humano); los no asociados al SIDA, en su desarrollo no necesariamente dependerán del estado de inmunocompromiso celular ni estará relacionado con agentes infecciosos: cáncer de pulmón, tumores de células germinales, linfoma Hodgkin, cáncer de ano, hepatocarcinoma, entre otros.

 El cáncer en esta población se caracteriza por tener frecuentemente un comportamiento clínico agresivo, presentar lesiones de alto grado, estadío avanzado y una sobrevida reducida (sin tratamientos adecuados)

En la era de la terapia antiretroviral de gran actividad (TARGA), los pacientes viven más tiempo con infección crónica por el VIH, desarro llando menos infecciones oportunistas y presentando un incremento en el número de cánceres, que se han convertido en una causa importante de muerte en esta población.

En el INEN se cuenta con una experiencia de más de 25 años de tratamiento y seguimiento de pacientes con VIH/SIDA con cáncer. Estudios iniciales de supervivencia a 2 años de sarcoma de Kaposi, linfoma no Hodgkin y cáncer de cuello uterino invasor recibiendo manejo integral (quimioterapia, radioterapia, cirugía, TARGA) demostraron cifras de 68%, 49% y 75% respectivamente. Posteriormente, estudios con linfomas no hodgkin la supervivencia a 5 y 10 años alcanzó 50% y 45% respectivamente, con una excelente calidad de vida.

En la actualidad, uno de los objetivos a lograr en los pacientes con VIH/SIDA con cáncer es disminuir la frecuencia de reacciones adversas a medicamentos, principalmente por interacciones entre la quimioterapia y los antiretrovirales, así puedan tener una buena calidad de vida que les permita continuar estudiando, trabajando y compartiendo su valioso tiempo con sus seres queridos y con la comunidad en general.

Los pacientes con VIH/SIDA con cáncer han dejado de ser considerados “terminales” y ser llamados “crónicos” al igual que los diabéticos, hipertensos, aquellos con hepatopatía crónica o enfermedad renal crónica con soporte dialítico.

 

Dr. Luis Ernesto Cuéllar Ponce de León

Especialista en Enfermedades Infecciosas y Tropicales

Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas

Jefe del Servicio de Infectología