Previamente para conocer sobre la etiología de infarto cerebral agudo de origen cardioembólico, hay que considerar que la enfermedad cerebrovascular es la alteración de la circulación cerebral, que trae como consecuencia procesos hemorrágicos (rotura de los vasos sanguíneos) o isquémicos (oclusión de una vaso sanguíneo que produce disminución de la sangre en una área del cerebro).

En referencia a los ataques isquémicos en el cerebro (infarto cerebral), existen cinco tipos, siendo los principales: los infartos cerebrales aterotrombóticos causados por un trombo (placas de grasa en las arterias) y los infartos cerebrales cardioembólicos causados por (émbolo o coágulo de sangre) que a continuación explicará la especialista en Neurología Vascular y Jefe de Neurología del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas, la doctora Ana Valencia Chávez.

“Una vez formado este émbolo que puede venir del corazón, será transportado por el torrente sanguíneo obstruyendo un vaso sanguíneo del cerebro; ocasionando el infarto cerebral cardioembólico. Este subtipo de infarto es el segundo en frecuencia, y se caracteriza por afectar las principales arterias del cerebro, que pueden afectar grandes áreas frontales, occipitales u otras del cerebro”, señaló la doctora.

El tratamiento en la fase aguda (menor de 4.5 horas) para disminuir el tamaño del infarto, tiene como objetivo centrarse en el área del tejido isquémico no infartado que se conoce como zona de penumbra isquémica a través de un procedimiento recanalizador (trombólisis).

En ese sentido, la técnica médica conocida como trombólisis es el único y más importante procedimiento especialmente indicado para los infartos cerebrales partir del cual se introduce en el torrente circulatorio el Activador Tisular de Plasminógeno RTPA (Actilyse), una sustancia capaz de romper el coágulo y recanalizar el vaso sanguíneo ocluido, indicó Valencia Chávez.

 

Algunos criterios de inclusión para el método de la trombólisis:

  • El tratamiento debe ser precoz: Aplicarlo en el periodo de 4

horas y media una vez ocurrido el infarto cerebral.

  • Es necesario aplicar la escala de valoración neurológica NISHH

que permitirá cuantificar de forma bastante fiable la gravedad

del ictus, su progresión y desenlace.

  • No debe ser aplicado en caso de que exista una hemorragia

intracerebral.

La fibrilación auricular (FA) es la arritmia más frecuente que se presenta como causa de un infarto cerebral de origen cardioembólico. Por tal, y una vez que el paciente tenga el diagnóstico confirmado de este ritmo cardiaco anormal, el médico neurólogo espera alrededor de 14 días para iniciar la tlanticoagulación con el propósito de prevenir un nuevo infarto cerebral.

En la actualidad se conocen dos tipos de medicamentos anticoagulantes: El clásico conocido como la Warfarina, y los nuevos anticoagulantes orales como son el Dabigatrán, (Pradaxa), Apixabán (Eliquis) y RIvaroxaban (Xarelto) únicamente recomendados y administrados por médicos especialistas en estos tratamientos.

“Las nuevas tendencias se inclinan por el uso de los nuevos anticoagulantes teniendo en cuenta que alguno de ellos son más eficaces que la Warfarina, y que causan menos sangrado que la Warfarina. La calidad de vida del paciente mejora con estos medicamentos como, por ejemplo, su dieta alimentaria no se restringe, no interacciona con la mayoría de antibióticos, no requiere control constante de la anticoagulación”, expresó la especialista.

A partir de lo expuesto es importante generar una cultura de prevención de las enfermedades cerebrovasculares mediante el control de los principales factores de riesgo, como son hipertensión arterial, diabetes, fibrilación auricular, inactividad física, obesidad, tabaco y alcohol.

 

Ana María Valencia Chávez

Jefe del Dpto. de Enfermedades Neurovasculares

Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas (INCN)